En un viaje reciente de California a Morelia, Michoacán, llegué a la sala del aeropuerto para esperar mi vuelo, el cual partía pasada la medianoche. Una primera impresión al llegar a la sala se vuelve más común con el paso del tiempo: un buen número de migrantes son personas de edad avanzada y requieren de ayuda, incluyendo sillas de rueda para facilitar su movilidad.
Un aspecto crucial de este envejecimiento de la migración mexicana a los Estados Unidos se volvió dramático menos de una hora después de haber despegado el avión. Cuando todavía volábamos sobre territorio californiano, las tripulantes de cabina de pasajeros (TCP) suspendieron la distribución de bebidas y empezaron a congregarse en torno a una persona varias filas delante de la mía. Se trataba de una pasajera de la tercera edad con una emergencia médica. Las TCP actuaron con admirable profesionalismo y se desplazaron para ayudar a la pasajera, inclusive con mascarilla y tanque de oxígeno. Igualmente, en repetidas ocasiones hicieron llamados infructuosos preguntado si había algún medico entre los pasajeros para brindar mejor atención a la enferma. Afortunadamente, después de por lo menos una hora de atención, la situación de la pasajera mejoró y el ambiente en el vuelo volvió a la normalidad.
Las características de los pasajeros en el vuelo, y el incidente con la pasajera enferma, sirven para recordarnos que el envejecimiento de los migrantes mexicanos finalmente impactaran tanto a los dos países, México y los Estados Unidos, como a los estados y comunidades a las que las personas estén vinculadas. El proceso de envejecimiento también impacta de manera directa a las familias migrantes.
Diferentes estudios han estado documentando la transformación demográfica de los migrantes mexicanos en los Estados Unidos, una población que ronda entre los 11 y 12 millones de personas.
De acuerdo a Migration Policy Institute (MPI), en 2023, “la población inmigrante mexicana tenía la misma edad media que el total de la población nacida en el extranjero (47 años), la cual era mayor que la población nacida en EE. UU. (37 años).”
Un estudio reciente de BBVA Research proporciona una perspectiva adicional de cómo ha evolucionado esta transformación demográfica. De acuerdo a este estudio, “[E]n los últimos 30 años se ha presentado un proceso de envejecimiento de la población migrante mexicana. En 1995, la edad mediana de un migrante hombre fue de 30 años y 31 años para las mujeres, para 2010, la edad mediada tanto para hombres como mujeres migrantes mexicanas pasó a 37 años, y en 2022 la edad mediana de las mujeres subió a 46 años, mientras que para los hombres se ubicó en 44 años.”
MPI nos recuerda que millones de migrantes mexicanos son indocumentados: “los mexicanos también representan el mayor grupo de inmigrantes no autorizados, con un 45 por ciento del total de 11.3 millones de personas sin estatus legal en 2022, según estimaciones del Instituto de Políticas Migratorias (MPI por sus siglas en inglés). Sin embargo, el número de inmigrantes mexicanos no autorizados también lleva más de 15 años disminuyendo, y se ha reducido en un 34 por ciento desde 2007, pasando de 7.7 millones de personas a 5.1 millones en 2022.”
El estatus de indocumentado de estos millones de inmigrantes mexicanos también implica que muchas de estas personas no tienen acceso a programas sociales (incluyendo una pensión publica por medio del Seguro Social estadounidense) federales o estatales. En el caso de California, un programa innovador, conocido como Health4All, permite a inmigrantes indocumentados, mayores de 50 años y de bajos ingresos, acceso a un plan de salud estatal (Medi-Cal). La crisis financiera del estado, la enemistad del gobierno federal bajo la administración de Donald Trump al gobierno californiano, y las políticas antinmigrantes del gobierno estadounidense han coincidido para limitar el universo de potenciales beneficiarios y cobertura de este programa social.
Esta generación de migrantes mexicanos en Estados Unidos incluye a millones de personas que no pudieron beneficiarse de la ultima gran reforma migratoria (Immigration Reform and Control Act de 1986) o que, simplemente, se unieron al flujo migratorio posteriormente y no han tenido oportunidad de regularizar sus estatus. El escenario político actual no deja lugar para el optimismo a corto o mediano plazo.
La gran pregunta es ¿cómo y dónde pasaran sus últimos años estos migrantes mexicanos que han contribuido a dos naciones y sus respectivas economías?
Un estudio del UC Merced Community and Labor Center, por ejemplo, ya ha alertado de las consecuencias para la agricultura californiana del envejecimiento de los trabajadores agricolas, quienes en su mayoria son inmigrantes mexicanos y muchos carecen de acceso a servicios basicos, incluyendo seguro medico.
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